El ngen del lemu se peleó con el ngen del kütral cansado de que redujera a cenizas sus pewmas e historias antiguas.

Había vivido muchos años y sabía mucho, pero ya nadie le escuchaba… El frío y los inviernos largos, consumían los sueños del bosque.

Decidido a cambiar las cosas, visitó al herrero y le encargó una extraña herramienta de filo y hoja curva, no parecía convencer al experimentado herrero acerca de su utilidad, pero de todas maneras cumplió con el encargo.

Al otro día el ngen del lemu le regalo el maichiwe al hombre y le dijo que debía contar sus historia en la madera de un gran triwe.

El hombre confeccionó el primer kultrun, después hizo un wanko, más tarde cuando el sol se adentro en la cordillera, hizo un kollong.

Al amanecer tenía una gran cantidad de artefactos hechos con la nueva herramienta.

Cuando se durmió de cansancio, soñó los sueños del bosque: carretas sin bueyes que avanzaban a gran velocidad, carretas que volaban más ligeros que los uñüm, pu wampo de metal que surcaban los ríos como chalwa.

Entonces, soñó que los artefactos hechos por sus manos eran los únicos recuerdos que quedarían de los grandes y frondosos bosques.