Entre Forrawe y Pichilkura, en los lomajes que circundan el camino hacia el antiguo nguillatuwe hay un pozo abandonado y cubierto de arbustos y matorrales que impiden el acceso inmediato.

Dicen que nadie se atrevía a pasar en las noches por el lugar. Hay relatos de personas que se encuentran con apariciones de konas antiguos, con indumentarias mapuche y armas, que custodian y ahuyentan a los intrusos o a quiénes merodean con ambiguas intenciones.

Muy antiguamente, en tiempos de la gran guerra, los mapuche fueron perseguidos, asolados y reducidos para apoderarse de sus tierras, animales sementeras, y joyas de plata y piedras preciosas, chakiras y llankas.

Se convocó a un último nguillatun, allí se decidió esconder las joyas sagradas, indumentarias, y piedras preciosas que eran parte y herencia inmemorial de las familias más antiguas del territorio.

Se dispuso de metawe llenos de alimentos para pagar al ngen protector que resguardaría los trabajos hasta que se volviese a levantar la ceremonia. El lugar indicado por los ngen para esconder los apreciados elementos fue el pozo que abastecía de agua cuando se realizaba el nguillatun.


Luego del amanecer del cuarto día, todos retornaron a sus rukas, pues la machi había soñado con un caballo negro, sobre el que venía un capitán que blandía una espada que arrasaba con rukas, niños y mujeres desolando el territorio y llevándose todas las riquezas.

En la actualidad, el nguillatuwe permanece bajo una plantación de eucaliptos y el pozo de las chakiras, sin el agua suficiente, ha comenzado a desaparecer.

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